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MACC

UNA VOZ A FAVOR DE LA GESTION DE LA MIERAS

Interesante articulo de Xavier Bru de Sala, sobre la trayectoria del departamento de Cultura de la Generalitat, que me han remitido desde la UMC, y que pone a la apertura cultural de Caterina Mieras en su lugar.

BALANCE MIERAS
La primera legislatura con socialista al frente de Cultura se salda con un
buen equipo y una escasa proyección de la conselleria

Tal vez acabe siendo por fortuna que sea la misma cosa decir balance Mieras y balance de legislatura. Balance de la primera, corta, tambaleante, casi agónica y casi última legislatura del tripartito. Lo que han hecho Mieras y su equipo es lo que se apuntan los socialistas en cuanto, tras una vida en ayunas, han puesto el ansioso pie en la Generalitat. Lo que haga Ferran Mascarell, o los consellers que con él entraron, no cuenta, por el simple hecho de que éste es un gobierno interino, de gestión, a la espera de lo que dictaminen las próximas elecciones. En términos de balance pues, para éste y todos los departamentos, la legislatura ha terminado. De no mediar un giro copernicano en los principios que inspiran a Mascarell, aparecerá el abismo entre la buena predisposición de los medios hacia su persona y el juicio mucho menos positivo que merece a casi todos los culturalistas que conozco, incluidos los más cercanos a su ideología. Por poner un ejemplo que no me coma espacio, Mieras jamás habría ordenado convertir un certamen literario tradicional como los Jocs Florals en una excusa, encima molesta, para introducir el rock en el Saló de Cent. Que den premios de música y aplaudiré. Pero del mismo modo que no acabarían recitando poesía, tampoco la poesía debe concluir en rock. A eso me refiero, sin la menor acritud pero sin ambigüedades, cuando digo que la anticultura avanza incluso entre los que dicen apoyar a la cultura.

Mieras contaba con una preparación muy inferior a la de Mascarell, pero tenía respeto por la cultura. Uso el contraste para mejor destacar que Mieras, al contrario de su sucesor, que dejó de ser culturalista cuando se pasó a la política, prefiere mil veces, y desde el primer día, someterse al juicio de la gente de cultura que al de sus colegas y superiores políticos. Se trata de una diferencia radical, que indica a favor de quién se está, para todos los que creemos, y todavía somos muchos, en la autonomía de la cultura con respeto de los partidos. Desde luego, si dieran un premio al o la socialista menos sectaria, y cuidado que lo son, lo ganaría Caterina Mieras.

Como comunicadora, Mieras era un completo desastre. Tenía además el defecto, supongo que debido a una cierta inseguridad, de confiar poco en los demás y querer imponer su criterio. Le gustaba el poder, su ejercicio cotidiano, y no toleraba la idea de compartirlo. Aún así, se esforzó en servir a la cultura, a la gente que la hace, con más aciertos que errores, desde luego con el mejor equipo que ha dirigido jamás el Departament (y al decirlo reconozco algo nada fácil, que formé parte del segundo mejor, también con recursos abundantes y políticas innovadoras para la época).

Comparada con sus antecesores y atendiendo a sus resultados, Mieras gana. Con sus sucesores, es posible que también, pues la cultura es indiferente para todos los partidos menos para la sociovergencia, empeñada y a la una conjurada para que ocupe el menor espacio posible del ágora, siempre bajo la bota de la visión que de nuestra realidad y futuro ofrece esta curiosa amalgama de inmovilistas reaccionarios.

Ahora bien, una cosa que ni siquiera llegó a plantearse Mieras es la posibilidad de abrir espacios de conexión entre la cultura y la sociedad. Tal vez con el Consell de Cultura, que nos pintaremos al óleo, claro, pero no por culpa suya, las cosas hubieran empezado a cambiar en este sentido. Tal vez en la próxima legislatura, que ahora no será la que empiece a finales de año sino la siguiente. Suponiendo que consigamos, que nos conjuremos todos los de la cultura, a no salir en foto con políticos ni apoyar partidos que no prometan la aprobación de la ley y la puesta en marcha del Consell para el año próximo.

El balance no es malo (y mejor sería si no hubiera quitado a Folch para poner a un enemigo declarado de la cultura catalana, infeudado a Mascarell como tantos otros, en el Ramon Llull). Pero de giro, ni hablar. A presionar pues, amigos
XAVIER BRU DE SALA





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