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MACC

¿CRISIS QUÉ CRISIS...?

¿CRISIS QUÉ CRISIS...?

Parece una de esas bromas en que uno no sabe si reír por no llorar o llorar porque no es para menos:

Los mismos que permitieron una entrada del euro que rebajó el poder adquisitivo de los españoles al menos un veinte por ciento de un plumazo, siendo, junto con Italia los dos países europeos donde más descontrolada se hizo la transición monetaria, son los que hoy se presentan como salvadores de la crisis, como portadores de las fórmulas necesarias para superarla.

Y serán miles los que no lo recuerden …

Son los mismos que permitieron una especulación salvaje en la vivienda, en un país en que por tradición el 70% de las familias son propietarias del techo que les cobija. No hay más que ver los gráficos de incremento del precio de la vivienda, mirar en que años aumentó de una forma desproporcionada, condenando al que no fuera propietario a una especie de semiesclaviud vitalicia a cambio de comprarse su casa, siempre con la espada de Damocles de la imposibilidad de pagar algún plazo de la hipoteca y la consiguiente pérdida de la vivienda.

Pero serán decenas de miles los que no lo recuerden . . .

Esos mismos callaron como canallas mientras los bancos españoles recomendaban a sus clientes-víctimas, todos nosotros, que contrataran hipotecas a interés variable, que a ellos les cubría de todo riesgo. Casi el 80% lo hicieron, mientras los alemanes, mejor informados por sus gobiernos, contrataban a interés fijo, que corran algún riesgo los bancos, que es su negocio, pensaban. Nadie se pregunta hoy en día sobre aquel silencio gubernamental que exponía la economía colectiva a los riesgos que hoy empezamos a sufrir. Los alemanes, mientras tanto, campean la crisis con la certeza de que, si alguien tiene que pagar algún plato roto, lo harán, al menos en parte, sus bancos, no de entrada las economías familiares. Nadie parece recordarlo y aún se puede encontrar uno, en cualquier cafetería, un iluminado amargado que dice:”Mira lo que nos ha traído este gobierno …”

No hay peor sordo que el que no quiere oír . . .

Los que ahora se presentan como capacitados para burlar la crisis que se avecina son los mismos que apoyaron una guerra más vergonzosa de lo habitual, que ya es difícil hablando de guerras, y es este conflicto, la Segunda Guerra del Golfo, que en castellano no puede disimular la evidencia de que es una guerra de golfos, el señalado como una de las causas de la crisis actual. Guerra que, además, ha sido, económicamente hablando, catastrófica incluso para el país que la provocó, aunque no, desde luego, para el círculo de corporaciones empresariales que rodean al presidente y su familia.

Estos nos prometen sacarnos de la crisis . . . y serán cientos de miles los que les crean . . .

Los que ahora se ofrecen como salvadores son los mismos que, estadísticamente, tienen más casos de corrupción urbanística en su partido que el resto de los partidos juntos, y hablamos sólo de lo descubierto. Los mismos que privatizan cuanto pueden cuando llegan al poder y liberalizan la economía hasta límites mafiosos, véase el ya del dominio publico caso de las hipotecas basura americanas, fruto arquetípico de dicha gestión o los ferrocarriles y sanidad británicos, consecuencia del abandono de la riqueza pública, por citar sólo un par de ejemplos.

Esos señores, que se dicen expertos en economía porque tienen las riendas del poder económico, siempre encuentran ingenuos que no aciertan a comprender la separación entre intereses propios y ajenos, somos así de buenos, siempre más cerca de la naturaleza de los corderos que de los lobos,  y cuando una cabra se vuelve loca y comienza a aullar, se convence y luego nos convencemos todos, de que es un lobo. A partir de ahí el camino está hecho: no necesitamos ser mordidos por ningún lobo real o ficticio, la manipulación, los miedos y las obsesiones colectivas tienen su propia dinámica.

Teniendo en cuenta que dicen que van a hacer todo lo contrario de lo que no hace tanto tiempo hicieron, tal vez deberíamos comprender que estos chicos, lo que quieren, es una segunda oportunidad, y es comprensible, todos tenemos derecho a ella, pero yo, personalmente, prefiero que pidan y les sea concedida esa segunda oportunidad en alguno de esos programas que tanto gusta a los más jóvenes hoy en día, por ejemplo, en Operación Triunfo, sería un triunfo y un alivio para las generaciones venideras.

Escrito remitido por Nekovidal 2008 – nekovidal@arteslibres.net

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