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EL EROTISMO EN LA GRECIA CLÁSICA

EL EROTISMO EN LA GRECIA CLÁSICA Un compañero J. Gascón, me ha enviado a la redacción este interesantísimo trabajo sobre el erotismo de los griegos y que por cierto enroca completamente con la polémica suscitada en los U.S.A., por la película de Oliver Stone, ALEXANDER.

La recién estrenada película Alejandro Magno, ha producido un cierto estupor entre los sectores más conservadores de los Estados Unidos. Incluso en Grecia, donde es un héroe nacional, ha habido reacciones muy contrarias a la película. La razón no ha sido la extrema violencia de algunas escenas guerreras, sino la interpretación de un tipo de sexualidad diferente a la actual.

Cada sociedad tiene su sexualidad porque cada sociedad regula las relaciones eróticas a su manera. Pero habitualmente pensamos en nuestro modelo de sexualidad como el único posible y en todos los demás como desviaciones de lo correcto.

La práctica erótica consta básicamente de tres elementos: el deseo, el acto y el placer. Así uno desea realizar un acto para obtener un placer determinado. En la sexualidad occidental de principios del siglo XXI, el único elemento determinante en esta tríada es el deseo. Si uno desea personas de su mismo género es homosexual, si desea personas de sexo diferente es heterosexual y si desea tanto a unos como a otros, entonces será definido como bisexual. Además, consideramos esta preferencia como fija y condicionada, así como determinada por la genética del individuo.

La preocupación moral de los griegos del final de la era clásica no es la naturaleza sexual del objeto de deseo, sino la relación entre este y el deseante. No es importante si uno desea a un hombre o a una mujer, lo importante es cómo se va a comportar cuando se de el contacto erótico. Y en todo encuentro, la posición de los participantes va a depender de la norma ética fundamental del mundo griego: el dominio de sí mismo. Todo el conjunto de normas que determinan el bien y el mal va a pivotar sobre el autocontrol. El autocontrol permite al ser humano dominar las pasiones y es su hecho diferencial. Es la base de la civilización.

En esta sociedad, el único individuo capaz de ejercer dominio sobre sus pasiones es el ciudadano varón. Sólo los hombres libres pueden ser morales. El esclavo es un animal y la mujer un ser incompleto. La misoginia y el clasismo, son los aspectos fundamentales del ordenamiento social de los griegos antiguos y marcan de forma determinante su actitud ante los intercambios eróticos.

En contra de lo popularmente admitido, los griegos no desarrollan un erotismo refinado. Básicamente todas sus relaciones se reducen a la penetración. Se practican felaciones u otros juegos pero como meras introducciones al acto fundamental. En cualquier caso, lo más característico de la organización de las relaciones eróticas en este periodo de la historia de Grecia, es la falta de reciprocidad. En toda relación erótica existe un individuo activo y un individuo pasivo, esto es lo realmente importante.

Esta relación entre actividad y pasividad determina la organización de la sexualidad en esta zona geográfica y durante este periodo. Los objetos son pasivos: podemos imponer nuestra voluntad sobre una piedra. Pero una piedra, por sí sola, no puede imponernos su voluntad. Entre los objetos y el ser humano se encuentran los esclavos y las mujeres, seres dominados completamente por las pasiones.

Un individuo libre está obligado a dominarse y a dominar a los incapacitados por su naturaleza. En este sentido no importan los placeres que uno desee, lo importante es la capacidad de dominarlos, de eso va a depender la virtud del ciudadano. Además esta norma debe aplicarse a todo: a los contactos eróticos, a la bebida y a la comida. Por esta razón Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, fija como virtud el término medio entre dos vicios. Así, entre la cobardía y la temeridad está el valor. Entre el despilfarro y la tacañería está la generosidad. Y entre la glotonería y el ayuno está la frugalidad. En el campo de la sexualidad ocurre lo mismo, lo indecente no es tener relaciones con muchachos sino dejarse llevar por el deseo de tenerlas. Es necesario demostrar el dominio de la pasión decidiendo cómo y cuando va uno a satisfacer su deseo erótico.

En la Grecia contemporánea de Alejandro Magno, los ciudadanos libres usan a sus esclavos para satisfacer sus deseos y lo mismo hacen con sus mujeres y concubinas. Eso si, lo importante es demostrar en todo momento el autocontrol y el dominio del otro. No importa el sexo del objeto deseado, lo importante es no ser “amado” por este. Sodomizar a un criado es un acto normal, ser sodomizado por este es un acto indecente.

Como hemos visto no existe ningún dilema moral a la hora de determinar la relación entre hombres libres y mujeres o esclavos. Pero, ¿Cómo actuar ante una relación entre ciudadanos libres e iguales en derechos?. Esta pregunta obtuvo diferentes respuestas dependiendo de cada una de las ciudades-estado: Esparta promovió el vínculo erótico-afectivo entre hombres porque ayudaba a infundir valor en la batalla. En Tebas, llegaron a organizar una unidad formada por parejas de amantes, que luchan encadenados. Consiguiendo una mayor entrega en el combate, al luchar no solo por su vida sino por la de su pareja. En Lesbos, se optó por dejar una total libertad tanto para hombres como para mujeres, sin coartar para nada las relaciones extramatrimoniales.

Pero el caso más estudiado es sin duda el de la Atenas en torno al los siglo V y IV antes de Cristo. En esta ciudad-estado, se estableció la sociedad más misógina de toda la península. Una frase de Demóstenes lo resume a la perfección: “Tenemos las heteras (prostitutas) para el placer, las concubinas para que estén pendientes del bienestar de cada día y a las esposas para que nos den hijos legítimos y para guardar fielmente el hogar.” Ps. Demóstenes LIX, 122. 1. Como en el resto de la península Ática, nunca se platearon como deberían ser sus relaciones con las mujeres. Pero fueron ellos, los áticos, los que más filosofaron sobre la relación entre dos hombres iguales en derechos. Al tratarse de dos voluntades luchando por imponerse, cuando una de las dos triunfase el perdedor pasaría a ser objeto, degradando así su condición de ciudadano.

La homosexualidad – tal como ahora la entendemos- era inexistente o, como mínimo, estaba muy mal vista. Otra cosa era la relación entre un hombre maduro –no mayor de cuarenta y un años- y un adolescente –menor de dieciocho años-. Con las esposas se tenían hijos y con ello se hacía un servicio al estado, con los esclavos y las prostitutas se podían satisfacer los bajos instintos. Sin embargo cuando un ciudadano se encargaba de tutelar a un muchacho lo hacía impelido por un deseo desinteresado. Era entonces cuando nacía el verdadero amor. Esta tutela no terminaba en la instrucción militar o en las lecciones de filosofía, existían contactos eróticos reiterados entre ambos, debía ser educado en el arte de amar. Siguiendo la norma moral dominante esta relación siempre se establecía en función de quien ejercía el poder. Existía un individuo activo llamado erastes (el amante) y un individuo pasivo llamado eromenes (el amado). Erastes, siempre el ciudadano maduro, debía dominar a eromenes para enseñar con esta práctica el dominio de si mismo al adolescente.

La relación quizá más denostada por la sociedad occidental de finales del siglo XXI, era considerada durante la el siglo de Pericles, como la relación más bella y más moral de todas. Nosotros consideraríamos a erastes como un pederasta pervertido y lo meteríamos en la cárcel sin dudarlo. Pero para un griego de ese periodo solo hubiese sido digno de la ignominia o el ostracismo si se hubiese vuelto en la marioneta en manos de su eromenes.

Entonces, ¿eran los griegos antiguos bisexuales?. Me temo que no es este el tema, para ellos lo importante es desear objetos que puedan ser dominados independientemente de su sexo o género. La relación entre Alejandro y Efestión, se parece más a la de los amantes tebanos que luchan juntos, antes que a la anteniense relación erastes-erómenos. Si embargo, este amor no impide a ninguno de los dos el goce o disfrute de otros muchachos o de mujeres, sean estas esposas, concubinas o prostitutas. No podemos calificarlos de bisexuales según nuestra concepción en todo caso podemos decir que el sexo no es problemático para ellos.

Otro tópico de nuestra interpretación de la sexualidad griega es la orgía. Desde nuestro punto de vista, los griegos antiguos vivían en una sociedad liberada, ávidos de iniciar contactos carnales indiscriminados en la menor ocasión festiva. Eso es en parte cierto, los simposia o reuniones de ciudadanos, terminaban frecuentemente con contactos eróticos entre los invitados o entre los invitados y el personal de servicio. Sin embargo es importante hacer una puntualización, sólo eran invitados los varones libres, nunca sus esposas. Asistían prostitutas, bailarinas, flautistas, malabaristas y prestidigitadoras, que tras los espectáculos se entregaban a los invitados pero siempre sometiéndose a la voluntad de estos. La participación de mujeres libres en este tipo de fiestas es una incorporación posterior. A pesar de eso, existían fiestas religiosas de carácter orgiástico como las afrodísias, en las que podían participar mujeres de ciudadanos, pero eran más un momento de desenfreno organizado, cuya misión sería mantener el orden de las cosas. En este sentido es muy significativo la existencia de orgías únicamente femeninas.

Por último me gustaría destacar un dato importante. La película Alexander, se sitúa al final de la época clásica y al principio de la época helenística. Tras la conquista por parte de los griegos del imperio persa se va a realizar una fusión cultural a gran escala, durante este periodo se impondrá una nueva potencia que fusionará de forma magistral las culturas griegas y asiáticas con la de los pueblos celtas conquistados. Se trata del Imperio Romano y su producto más universal será el cristianismo cuyos valores influyen todavía de forma decisiva en la organización de nuestra sexualidad.
J. Gascón

1.Sexualitat, Historia i Antropología. Xavier Roigé. Edicions de la Universitat de Lleida. 1996. P 19.

Bibliografía:

- Xavier Roigé. Sexualitat, Historia i Antropología. Edicions de la Universitat de Lleida. 1996.
- Vernant Jean-Pierre. El hombre griego. Alianza Editorial 2000.
- Larrauri Max, Maite. La sexualitat segons Fucoult. Tandem Edicions 2000.
- Murphy Emmet. Historia de los grandes burdeles. Ed Temas de Hoy. 1989.
- Fisas, Carlos. Erotismo en la Historia. Plaza y Janés. 1999.
- Patrideg, Burgo. Historia de las orgías. Ed. 2002
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