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La Mutación Del Poder

La Mutación Del Poder Aunque originalmente fue editado el 28 de marzo de 2003 en la web rebelion.org, creo que sus palabras y sus pensamientos siguen totalmente actuales y mucho me temo que mi amigo Iury seguirá en el candelero de los pensamientos no alienados por mucho tiempo más.

La mutación del poder

Iury Lech
Rebelión

La traslación histórica del entorno humano y de la representatividad del deber, en una civilización que opta por las improbabilidades de la cultura hedonista y se encuentra sometida, por el afán de progreso material, a una ola de ingentes dosis del dolor, promueven de forma perversa -si damos por válido el predicamento de los antiguos griegos que sostenían que el acto evolutivo se ha tenido que someter al aprendizaje mediante el padecimiento- el conflicto entre la ética y el interés personal.
En su desapercibida tercera radiografía sobre los movimientos evasivos afines a la sociedad posmoderna, la anatomía del consumo y el esteticismo futil, titulada "El crepúsculo del deber", el pensador Gilles Lipovetsky, con la perseverancia de un admonitorio gallo bíblico, exponía hace unos años las facetas ocultas de una  ética indolora y alertaba a la reflexión sobre la instauración de una lógica de las conciencias apaciguadas, tesis que cada día cobra mayor vigencia si consideramos el abandono material y espiritual que una gran parte de la humanidad se ha visto obligada en aceptar por expreso dictamen de una minoría llamada, absurdamente, civilización liberadora.
Si en apariencia se trata de un síntoma que demuestra que hemos  elegido el camino que conduce hacia la propia disolución en el magma de la ilusión fetichista, no se trata de buscar fenómenos mesiánicos a este significativo periodo finisecular, como cuando se esperó el año mil con sus consignas apocalípticas y paroxismo religioso, debido a que el hombre postmoderno y posthistórico ha perdido voluntariamente la posibilidad de experimentar el éxtasis de lo místico al haber asesinado el concepto emancipador del sacrificio apoltronándose en una lógica posmoralista.
El ejemplo de la decadencia del mundo romano, que da paso a una sociedad germanizada y sitúa a Occidente en su nivel cultural mas pobre, parece encontrar un paralelismo en la situación reinante, en donde un sector menos conformista lucha por no caer en la uniformidad del modelo militarista, mercantilista y globalizador impuesto por quienes desean imponer, amparados por un arbitrario y represivo mandato belicista, su tosco régimen basado en la idolatración a precarios héroes del mundo de las finanzas, del espectáculo y del deporte, reedición edulcorada de un neoabsolutismo bajo la máxima de que se es alguien en la medida del volumen de su fuerza bruta, de su capital, o en el culto pagano a fórmulas instantáneas que satisfacen la urgencia humana por catarsis redentoras.
Por ello el ensañamiento de los Estados Unidos contra  Irak hay que enmarcarlo no en  una simple batalla económico-geoestratégica sino dentro de una visión más amplia, ya que en realidad el ataque  a una cultura milenaria como la Mesopotámica, cuna de la civilización occidental, es un acto suicida, un sabotaje a los propios pilares de todo lo que hemos edificado hasta ahora debido a que "la historia de Irak es la del mundo" y ahora se la pretende suplantar por un fundamentalismo flotante, que deglute o destruye todo lo que encuentra a su paso para que su opaca hegemonía reluzca sin obstáculos.
De ahí que el discurso spinozista de Lipovetsky se esculpa en torno al actual debate entre la incompetencia del altruismo inconsecuente y la necesidad de una generosidad inteligente; entre la erosión del deber ante el ascenso de una ética light, moldeada por buenas intenciones incapaces de conclusiones asertivas, que nos ubica en un escenario configurado por el dirigismo de la televisión basura y los espectáculos sobre la realidad inmediata; entre los negocios benéficos montados por las estrellas del show bussines, fenómeno desacralizador del trabajo, y los mensajes intransferibles de la conciencia ecológica y bioética.
La proximidad del ineludible final de un convulso período en la cultura  occidental precisa de una fría objetividad que exponga la trampa del falso remordimiento, remendado con una solidaridad de compromiso superficial, promovida principalmente por los poderes mediáticos a través de una moralidad sensiblera y no de una acción surgida desde la voluntad del deber. Este es el caso de diversas cruzadas humanistas  cuyas masivas coberturas electrónicas establecen que una causa, por más justa que sea, debe ser preferencial a otras que también precisan de la caridad, en ocasiones con más apremio que las oficializadas por la pequeña pantalla.
El filósofo Gianni Vattimo esgrime con acierto las diferencias entre la ética de la comunicación y la ética de la interpretación al considerar a esta última como propulsora de unas motivaciones morales más sólidas dirigidas a recomponer originariamente el mapa del destino humano.
El efecto bumerang de la excitación audiovisual acaba por liberar a nuestras sociedades de las ataduras del compromiso jugando en favor de una cultura adocenada, en la que la liviandad predomina sobre el precepto moral, el hedonismo sobre el sacrificio, la seducción sobre la obligación. Reniega de los valores de la propedéutica, es decir, de la preparación para el estudio y el amor por las formas sensibles, por las almas, por la adquisición de la ciencia, por el logro del ideal. Esta fuga existencial origina diversos mitos tribales, como el de la solidaridad democrática, cuando lo que tenemos son democracias egoistas (en realidad timocracias) en persecución de un bienestar abstracto o, como se ha comprobado en los últimos tiempos, para beneficio de minúsculos grupos sociales en consonancia con el poder político de turno; el de la inefabilidad de las leyes del consumo y de la expansión económica ilimitada, cuando la incertidumbre y el desencanto han atenazado todo intento de regeneración; del ambiguo discurso de los mass media como favorecedor de las libertades y la comunicación, cuando la instauración de todo tipo de barricadas y fronteras se multiplican a favor de una hiperinflación informativa de carácter absolutista, que revela             que los medios, en especial aquellos bajo el control estatal, son prisioneros de infranqueables consorcios invisibles.
La supremacía de los soportes audiovisuales han traído consigo la resurreción de un totalitarismo de nuevo cuño, una élite plutócrata, una especie de aristocracia mediocrática, que premia a los propios con honores y fastos pero excluye al resto de la sociedad con su implantación de castas con las que se diferencia a los aptos de lo no aptos, a los "elegidos" de los no merecedores de la gracia  tecnológica. Esta competición de autovanaglorias  ha creado una  endogamia que se enquistado, no a fuerza de méritos personales sino de amancebamientos, lazos consanguíneos y otras uniones fraternales, e impide que el paso de la verdad surga con normal dinamismo y posiblemente forzando a que la frustración, la impotencia y la ira acumuladas en la paciencia del pueblo genere estallidos de violencia sobre sus secuestradores.
En la actualidad los medios audiovisuales son una herramienta en manos de la clase dominante mediante la cual convencen de hechos inexistentes, distorsionan los componentes del devenir histórico, fomentan la autocensura sin producir la sensación de que se lesionan las libertades personales e inoculan falsos valores en una opinión pública nunca tan entregada y desprotegida, que depositó su confianza en la Verdad Informativa sin siquiera haberse informado, o investigado, que bases deontológicas  sustentan a los bustos parlantes que hablan al pueblo con la voz ampliada de las  falsas deidades.
La actual desorientación impulsa a que desde el análisis comparativo se ponga en marcha un exhaustivo inventario sobre el estado de la voluntad individualista y del destino colectivo, que plantee con acierto y transparencia la orfandad en la tierra del compromiso, situación que nos ha llevado no sólo a crear un poderoso y tiránico padre ausente, que castiga a quien no le obedece, sino también a rodear el entorno de objetos y objetivos perecederos para satisfacer las más primarias necesidades de integración.
Mientras se instrumentaliza tanta gratificación opresora es de esperar que la reacción de quienes creen que la existencia cobra sentido mediante las creaciones filosóficas-artísticas -al menos para descubrir el modo en que se fusionan los dogmas en el mismo centro del corazón liberal y libertario-  sean más decisivas que aquellas manifestaciones que organizan el porvenir dentro de los desgastados paradigmas vigentes y nos arrastran a un estado de perpetua impotencia con el fin de desactivar toda lucha contra su poder.
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